El nuevo cementerio de elefantes

La India


El cementerio de elefantes, de acuerdo con la mitología africana, es un lugar al que se cree que van a pasar sus últimos días los elefantes moribundos. Y no es casualidad que jugadores de la talla de Del Piero, Diego Forlán, David Trezeguet o Nicolas Anelka, entre otros, hayan decidido emprender su última aventura futbolística a la India, allí donde el nuevo fútbol, como ocurre en todas las ligas que intentan emerger, se dota y se mezcla de la clase y la experiencia de estos míticos futbolistas a base de dinero. Y es que, si bien es cierto que en la India se viene practicando el fútbol desde 1996 en la I-League, o primera división india, es en 2014 cuando da un paso al frente con la fundación de la ISL (Indian Super League), con el objetivo de crear una competición doméstica, atractiva y de calidad, y de cambiar el rol secundario al que este deporte quedaba relegado por otros como el hockey hierba o el cricquet, considerado casi como una religión.

El problema que surgió con la ISL fue la coexistencia paralela que debía mantener con la I-League. Para ello, la AIFF (Federación de Fútbol India), con la correspondiente aprobación de la FIFA, decidió reconocer a ambas, proponiendo un calendario de octubre a diciembre para la primera y de diciembre a mayo para la segunda.

Una vez oficializado, se establecieron ocho franquicias (que a partir de esta temporada serán diez, con la inclusión del Bengaluru FC y el Jamshedpur FC), una por ciudad, que deben disputar la liga en dos fases diferenciadas: la temporada regular, en la que no existen puestos de descenso, y el playoff por el título. Al playoff sólo acceden los cuatro primeros clasificados de la tabla, y se disputan las semifinales a partido de ida y vuelta, y la final a partido único.

Para la competición, cada equipo cuenta con 8 plazas extranjeras máximo, para cubrir las 22 fichas profesionales que se permiten inscribir, entre las cuales se debe contar con un jugador franquicia que perciba un salario superior al del resto del plantel. El resto de plazas extranjeras,por otra parte, se eligen mediante un draft internacional.

El actual campeón de liga, y el primer equipo en inscribirse en la historia de la liga, el Atlético de Kolkata, dirigido por José Francisco Molina, se ha alzado con el título en dos de las tres temporadas (no consecutivas) en las que se ha llevado a cabo el campeonato, por una del Chennaiyin. El Atlético de Madrid, con objeto de expandir su marca internacionalmente, participó en la fundación del equipo, heredando el nombre y los colores del club. Este año destaca el fichaje del emblemático Robbie Keane, que acompañará en el vestuario al español Juan Belencoso, y al portugués Hélder Postiga, entre otros.

En estos tres años, y como consecuencia de la inversión económica que se ha realizado, y de la buena labor de Stephen Constantine al frente del combinado nacional, la India tiene opciones de conseguir una de las 24 plazas de la Copa Asiática de Emiratos de 2019, algo que hace casi nada parecía una quimera, y ha logrado, también, escalar, en tan sólo tres años, 73 posiciones en el ránking FIFA, situándose en la número 100 del mundo.

CURIOSIDADES:
  • EL PRECIO MEDIO DE UNA ENTRADA EN LA INDIA ESTÁ EN TORNO A 6€, MIENTRAS QUE EL SUELDO MEDIO EN LA INDIA ES DE 150€.
  • LOS ESTADIOS, CON UNA CAPACIDAD ENTRE 20.000 Y 60.000 ESPECTADORES TIENDEN A LLENARSE.
  • EN LA INDIA EN GENERAL, MUCHAS DE LAS OPORTUNIDADES QUE LES SURGEN A LOS FUTBOLISTAS SE DEBEN A MATRÍCULAS DE PAGO QUE IMPIDEN QUE MUCHOS JÓVENES TALENTOSOS CON MENOS RECURSOS PUEDAN ACCEDER A TENER PLAZA EN SUS RESPECTIVOS EQUIPOS.

 

Antes se amaba para siempre

Andrés Gotor de Astorza


Hace muchos años, en los patios de colegio, se soñaba con ser futbolista, y se les daba patadas a las latas para hacer, de cualquier esquina, una portería. Los niños elegíamos un equipo para siempre, y escogíamos a un jugador que hacíamos parte de nosotros. Forrábamos los cuadernos con los cromos que llevaban las caras de nuestros ídolos, y recogíamos un garabato en un papel que guardábamos como oro en paño. No nos valían las excusas cuando los grandes llamaban a las puertas y se llevaban a nuestras estrellas, que juraban por la tele amor eterno a otro club que había venido con un maletín lleno de billetes. No comprendíamos ese divorcio, y no compartíamos la idea de que, alguien a quien admirábamos, se marchara para siempre, permitiendo que otros niños, de otros colores, se pelearan por llevar su nombre en la camiseta.

Llevo muchos años escuchando que corren otros tiempos, como si la fecha dictara que ya no importa cada uno de esos pequeños esfuerzos que uno hace cuando ama. Tal vez es que antes se amaba para siempre, y los jugadores eran más agradecidos, y los telediarios hablaban de los kilómetros que uno recorría, las gargantas que se desgarraban por dar un último grito, o la sintonía de las palmas sonando al compás de un fútbol pobre, pero henchido de pasión. Antes era normal ver cómo los jugadores se retiraban en los equipos en los que habían dado sus primeros pasos, o en los equipos a los que les debían la gloria. A mí me gustaba cuando todo eso representaba algo, hacía que el fútbol fuera como un primer amor que nunca se deshacía en la boca. Pero esta forma y este fútbol al que apodamos moderno, donde somos plástico y dinero, y un número de abonado, y no la sangre, el sudor y las lágrimas que le ponemos para poder aunar nuestras fuerzas y nuestros ahorros, con tal de seguir a nuestros equipos donde haga falta. Este fútbol corrompido y condenado por la sociedad de un solo uso. Este fútbol especulativo donde los jugadores olvidan y caen en el olvido a la mañana siguiente, y los clubes que se hacen llamar señores compran la dignidad de una grada haciéndoles ver que son la única parte leal de esta historia, repleta de usureros y traidores. Este fútbol resultadista y efectivo, que deja a un lado el arte, la poesía y la legalidad para los pobres, y que justifica los medios por los objetivos, poniendo a prueba la resistencia de los hombres, que se prometen, cada temporada, que será la última vez en la que se podrá contar con ellos. Este fútbol de plástico huevado, con una trayectoria incierta que nos hace preguntarnos a dónde se dirige. Este fútbol que intenta comprarlo todo, aún debe rendirse a este escalofrío de taquillas y esperanza, ese algo que nadie puede comprarte, ese corazón de aficionado. Porque nosotros seguimos siendo aquello que hace que el fútbol se mantenga vivo. Nosotros somos el fútbol, y ni estamos en venta, ni importa quién se vaya, porque nadie está por encima del escudo.